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Los científicas que nos inspiraron (XII): Las madres científicas

En honor a las Mujeres en la Ciencia, en el Centro Vasco de Matemática Aplicada - BCAM se nos ha ocurrido compartir algunas historias sobre las mujeres que inspiraron a nuestras investigadoras a seguir una carrera científica. Sigue leyendo para entender por qué Nicole Cusimano reivindica la importancia de las madres en la ciencia y cómo la inspiraron:

Sobre la autora:

Nicole Cusimano

Postdoc Fellow


Tras graduarme en matemáticas en la Universidad de Trieste en 2010, me trasladé a Australia para lo que creía que iba a ser un máster de 1 año en el extranjero. Me enamoré del lugar, de la gente y de mi trabajo, mi máster se convirtió en un doctorado y, tras obtener mi doctorado en matemáticas aplicadas en la Queensland University of Technology de Brisbane en 2015, trabajé durante un año como postdoc en el ARC Centre of Excellence for Mathematical and Statistical Frontiers en la misma ciudad. En 2016 volví a Europa, me trasladé a Bilbao, y comencé mi carrera en el BCAM donde a día de hoy mantengo una posición postdoctoral en el área de investigación "Modelos Matemáticos con Aplicaciones Multidisciplinares"
Cuando me pidieron que pensara en una mujer (o algunas mujeres) de la ciencia que hubiera sido una inspiración para mí, empecé a pensar en mí misma cuando crecía, en la visión (muy limitada) que tenía de la ciencia y las matemáticas hasta hace 20 o incluso 15 años, y no pude dar con nadie en particular a quien viera como una verdadera inspiración. Claro que conocía a algunas científicas famosas, y siempre las había mirado con admiración, pero en cierto modo era una admiración lejana, no algo que sintiera que tenía un impacto directo en mi vida personal. Sin embargo, en la última década las cosas seguramente han cambiado.

Hace diez años me mudé a otro país, al otro lado del mundo, y comencé un máster en Matemáticas Aplicadas que acabó convirtiéndose en mi doctorado. Empecé a conocer el "mundo" de la investigación científica (al que esencialmente no había tenido ningún contacto previo) y conocí una forma muy diferente de hacer ciencia con respecto a lo que había experimentado al crecer. En los años siguientes, asistí a conferencias, talleres y reuniones, visité instituciones en varios países del mundo y cambié una vez más de país de residencia para seguir con mi carrera científica. Aunque mi experiencia personal dista mucho de la de las investigadoras más móviles y promotoras proactivas de su trabajo científico, a lo largo de los años he tenido la oportunidad de conocer en persona a muchas científicas en diversas etapas de (la vida y) su carrera profesional. Aunque con algunas de ellas sólo he tenido breves encuentros e intercambiado conversaciones relativamente generales, he colaborado, compartido oficina, tomado café, almorzado y pasado mucho tiempo dentro y fuera del trabajo con muchas otras, a algunas de las cuales me considero muy afortunada de poder llamarlas verdaderas amigas.

He conocido a algunas chicas muy jóvenes con grandes sueños y mucha pasión; a algunos estudiantes de doctorado con proyectos fantásticos y una gran red de apoyo, y a otros que se enfrentan a circunstancias "lejos de lo ideal" pero que siempre trabajan muy duro para dar lo mejor de sí mismos; postdoctorales mayores que han encontrado su verdadera vocación y avanzan rápidamente hacia una vida de investigación exitosa en instituciones bien establecidas, y otras que aún tratan de encontrar la mejor manera de sobrevivir como investigadoras en un mundo profesional altamente competitivo, donde conformarse con mantener un puesto de postdoctorado no es una opción; y por último, pero no menos importante, he conocido a increíbles profesoras y científicas líderes que han luchado mucho para estar donde están, y en la gran mayoría de los casos son tan humildes y trabajadoras como lo fueron cuando comenzaron su viaje.

Todas estas personas me impactaron. Sin embargo, debo admitir que de todas las mujeres de la ciencia que he conocido, sea cual sea la etapa de su trayectoria profesional, hay una categoría particular que admiro especialmente y a la que he cogido aún más cariño en los últimos dos años: las madres científicas. Aunque es innegable que todos los géneros tienen dificultades para compaginar una carrera científica profesional con su vida personal (especialmente la necesidad de trasladarse entre instituciones, ciudades e incluso países para construir un perfil de investigación sólido con el deseo de estabilidad y de formar una familia), creo realmente que las mujeres lo tienen especialmente difícil en este departamento. A todas las mujeres científicas que son madres, que han dedicado cantidades increíbles de energía y tiempo a su investigación (realizando pruebas, escribiendo artículos, consiguiendo subvenciones, etc.) y que al mismo tiempo son capaces de criar hijos maravillosamente felices, y que parecen ser capaces de ser absolutamente geniales en todo sin esfuerzo: ¡sois mis heroínas! Pero aunque no hayáis llegado tan lejos en vuestra carrera profesional como os hubiera gustado, y hayáis decidido dar un paso atrás para asegurar que vuestra familia sea lo primero, tenéis todo mi respeto. Sin duda, ser investigadora no es fácil y ser madre tampoco es una broma. Tengo la increíble suerte de tener una madre fabulosa a la que admirar y, aunque no sea científica, esa mujer es probablemente mi mayor inspiración de todas.